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La magia de Marruecos

Siempre he querido ir a Marruecos. No podría describir el motivo principal. Puede que por el encanto árabe que me fascina de tantos lugares que he visitado como Egipto, Jordania o el norte de la India... Quizá por el cous-cous y los baklawa... Quizá en otra vida haya sido parte de allí... La buena cuestión es que era un país en mi lista de prioridades pero tampoco encontraba el momento de viajar. En verano hace mucho calor, y en primavera no tenía los días suficientes P para poder visitar todo lo que me apetecía.

Pero las oportunidades y las aventuras a veces nos sorprenden y por mi cumpleaños recibí un gran regalo. ¡Unos vuelos de ida y vuelta a Marrakech en Navidad! ¡No me lo podía creer! ¡El 2019 iba a terminar cumpliendo otro sueño viajero!

Me puse manos a la obra para intentar comprimir todo lo que me había planeado durante años en un viaje de 8 días: Misión imposible. Tendría que escoger entre hacer el norte con ciudades tan mágicas como Chauen, Fez, Rabat… O dedicar nuestro viaje al maravilloso desierto y los poblados bereberes. Fuimos prácticos y decidimos abandonar la idea de hacer el norte por dos razones:
- Estoy embarazada e ir hacia el norte suponia muchas horas de coche y ver las ciudades apenas de pasada sin poder disfrutarlas perdiéndonos por sus calles como nos gusta.
- Nos recomendaron que era mucho mejor hacer el norte en primavera puesto que las ciudades costeras vale la pena pasear por los paseos marítimos, y tenían más encanto.

A través del boca boca, que es como mejor funcionan estas cosas, conocimos la agencia de Hamid. Desde marzo estuve en contacto vía whatsapp y seguimos los sabios consejos. Y a día de hoy, no podemos estar más que agradecidos y contentos de haber seguido sus indicaciones.

Día 1
Aterrizamos en Marrakech con una hora de retraso. Alguien de la familia real marroquí también aterrizaba a la misma hora así que cerraron el aeropuerto y estuvimos más de media hora en el aire dando vueltas. Como siempre, A se portó fenomenal. Se hizo amiga de un bebé que había filas más adelante y estuvo con ella mucho rato. Casi ni nos enteramos que íbamos con ella. Nos los puso muy fácil.

Salimos del aeropuerto, que por cierto es precioso y muy limpio y allí nos esperaba un conductor que nos llevó hasta lo más cerca que pudo del hotel. Nuestro alojamiento estaba en plena medina, a menos de cinco minutos de la plaza de Jemaa el-Fna. El riad nos encantó aunque hacía un poco de frío. Con un patio central con un estanque y todas las habitaciones decoradas típicas alrededor. Dejamos el equipaje en la habitación, nos tomamos unas pastas que nos ofrecieron al llegar y nos fuimos a cenar a un sitio que nos recomendó el recepcionista. En plena plaza con el ambiente nocturno. El sitio nos encantó. ¡Por fin comiendo comida marroquí en pleno centro y con música y un ambientazo! La espera había valido la pena. Pedimos un tajine de verduras y pan. Nos gustó mucho a nosotros y a los gatos que comenzaron a merodear por la ventana.




Regresamos al apartamento y nos acostamos.

Día 2
Madrugamos un poco puesto que habíamos contratado con Civitatis un tour por Marrakech. Siempre los hemos hecho con otras empresas pero nos gustó lo que esta ofrecía y creo que cuando visitemos otras ciudades seguramente miraremos si ellos también ofrecen el servicio.

Desayunamos como reyes en el hotel: leche, pan de varias clases, mermeladas,huevos fritos, quesos, un trozo de bizcocho, té… Salimos de allí con el estómago lleno, las piernas descansadas y con ganas de ver todo lo que Marrakech nos tenía que ofrecer.

El tour duró casi cuatro horas en las que recorrimos la plaza Jemaa el-Fna, llegamos a la mezquita Koutoubia y andando nos adentramos en la Kasba y llegamos al palacio Bahia. A y P hicieron la visita por dentro pero a mí me apetecía seguir andando más que ver un palacio así que yo me despedí por una hora y me dediqué a perderme por un zoco cercano y a hacerme un té maravilloso en la cercana plaza de Ferblantiers.






A la hora nos vimos en los jardines del palacio y seguimos con la visita por las callejuelas hasta que regresamos de nuevo a la plaza de Jemaa el-Fna. Ahí nos despedimos del guía que se lo había currado mucho, le dimos una propina y decidimos ir a comer al Café des Épices. Había leído que se encuentra en un sitio muy bonito y que la comida estaba buena. Ambas recomendaciones más que acertadas. La plaza se encuentra muy cerca de donde habíamos terminado la visita y está llena de puestecitos que venden bolsos, sombreros, posavasos, alfombras… Todo hecho de rafia y muchos personalizados.
Subimos al restaurante y estaba lleno pero tuvimos la suerte que se vació una mesa y enseguida nos pudimos sentar. ¡Hacía un calor impresionante y comimos genial! Las vistas desde la azotea del restaurante son fantásticas y nos quedamos allí bastante rato.






Tras comer y descansaar un poco seguimos dando una vuelta por el bazar que rodea todo. Decidimos volver un rato al riad y tumbarnos, ducharnos e ir a cenar pronto ya que habíamos quedado con Hamid para comenzar el tour bien temprano a la mañana siguiente.


Cenamos en otro restaurante de la plaza. Era un italiano y nos pedimos unas pizzas y unas pastas. No pasará por tener una comida espectacular, lo que merece la pena son las vistas. Las vistas espectaculares y el ambiente mágico. Llegamos sobre las 8 y lo tenían todo reservado a las 10 así que prometimos cenar pronto para liberar la mesa antes de que viniesen las reservas si nos dejaban sentarnos en primera fila. Lástima que al ser cercano al fin de año habían montado un macro escenario en un lateral y se escuchaba música de dj's. La verdad es que eso desmereció un poco el ambiente.






Nos fuimos pronto a dormir.


Día 3
Bien temprano nos levantamos y desayunamos igual de bien que la mañana anterior. Andando llegamos a Jemaa el-Fna y allí nos recibió Hamid. Desde el primer minuto conectamos con él. Fue super amable y una de las cosas que más nos cautivó fue que estuvo muy pendiente de A todo el viaje. Siempre gastándole bromas, y preguntándole cosas. Y ella contenta y hablándole todo el rato.

Pusimos rumbo a Ouarzazate pasando por el Alto Atlas. Paramos en un pequeño bar, el Tizi Ait Barka, con una terraza en la azotea para tomar un té y estirar las pierna.


Llegamos a Ouarzazate y paramos en el 3 Thés a comer y nos gustó el hecho de que solo había marroquíes, lo que nos indicó que era un lugar autóctono. Cous cous riquísimo, algo de carne y pan (lo nuestro con el pan de allí no tiene nombre).



Al terminar nos fuimos a ver la Kasbah Taourirt antes de continuar por el valle de Rosas hasta nuestro alojamiento.



Nos dieron una suite en plan romántico con una cama redonda y luces rojas led que parecía sacado de la pasión turca. El alojamiento tenia unas vistas muy bonitas pero lo mejor sin duda: la cena que tomamos. Estaba todo buenísimo y el personal fue muy amable en todo momento. A se tomó diluido en agua un par de tés y se pasó brindando todo el rato. Nos reímos mucho en esa cena.



Día 4
P no sabía prácticamente nada del viaje. No le quise decir los sitios a los que íbamos para que fuese sorpresa pero lo que más me sorprendió es que A si sabía muchas cosas y guardó los secretos conmigo porque <Mami si es un secreto no se dice> y eso que P estuvo a veces pidiéndole que se lo contase.

Desayunamos de cine en el alojamiento y nos montamos de nuevo en el coche con Hamid. Cada día era mejor que el anterior y A se dedicó a cocinarle con la comida de juguete que tenía todo lo que Hamid le iba pidiendo en su 'restaurante'. Nos reímos mucho en los trayectos y A estaba feliz así que nosotros el doble.



Atravesamos valles y caminos hasta llegar al palmeral de Skoura donde hicimos una pequeña parada para divisar aquel paisaje que se abría ante nosotros. ¡Qué pasada!.



Continuamos hasta llegar a las gargantas del Todra y las atravesamos andando. Es impresionante pasar por allí y aunque estaba lleno de turistas no impedía que pudiésemos disfrutar del caminito de atravesarlas.



Llegamos hasta Erfoud y paramos a comer en uno de los restaurantes más bonitos que hemos estado en este viaje. Es un hotel también y la comida que nos sirvieron estaba muy buena. Verduras frescas, pollo, pan (por supuesto), arroz… Salimos de allí con el estómago lleno y el corazón contento. Nos acercábamos a lo mejor del viaje: ¡nuestras noches en el desierto!




Nos adentramos en las dunas con el coche de Hamid hasta llegar a un sitio que no había nada más que un campamento de pocas haimas y alfombras. El personal que nos atendió en el alojamiento fue muy amable en todo momento y nos llevaron a una habitación con una cama. Como vieron que eramos dos enseguida nos ofrecieron otra más grande con dos camas enormes. ¡Si en las fotos era espectacular, en directo imposible de explicar!. Aquel sitio, con las alfombras de puerta a puerta, la zona de la hoguera, la haima del restaurante… Y las habitaciones… ¡Madre mía! ¡Qué sitio!.



Teníamos la posibilidad de subir dos días en dromedario así que lo dejamos todo rápido y nos llevó Hamid hasta el chico que tenia los dromedarios. Subimos A y yo en uno y P en otro. Paseamos por el desierto aproximadamente una hora hasta llegar a una duna (que tengo que decir que nos costó subir mucho). Allí estuvimos los tres pasándolo en grande hasta que se puso el sol. A se rebozó e hizo la croqueta por las dunas y nosotros nos reímos mucho de verla feliz. Aunque había unas 12 o 13 personas más, pudimos sin problemas sacar fotos y estar tranquilos, no se escuchaba nada y solo teníamos la paz del desierto. Después de este año tan complicado nos recargó las pilas pasar las últimas horas del 2019 sin cobertura y los tres juntos.









Cuando se puso el sol todos bajamos por la duna hasta nuestros dromedarios y nos llevaron hasta el campamento. Era nochevieja así que nos fuimos a duchar y a sacudirnos la arena para cenar. Al llegar al campamento vimos que lo habían decorado todo con globos de lado a lado de las haimas, habían puesto un fuego y unos globos con el 2020. La puesta de sol allí es de las más bonitas que he visto en mi vida. Lo que allí sentimos, de paz, de tranquilidad, de 'todo va a salir bien en 2020' no se puede explicar.


La cena estuvo muy bien. Había una mesa central con comida y era tipo bufet. Arroz, pan, carne, verduras hervidas, ensalada… De postre sacaron dulces, fruta… Al ser nochevieja hicieron una fiesta alrededor de la hoguera pero A se había dormido en dos sillas mientras nosotros acabábamos de cenar y hacía bastante frío fuera así que nos fuimos a dormir calentitos los tres. El primer año que no tomamos uvas ni esperamos a las 12, pero ¿qué más da?




Día 5
Nos levantamos con energía de haber dormido muchas horas y desayunamos en la tienda. Leche, zumo, tostadas, galletas, bollería, mantequilla, queso, mermelada… Pusimos rumbo a Mifis, unas minas abandonadas. Allí Hamid nos explicó todo lo que se hacía.



 Luego paramos en una haima de un poblado bereber con una mujer que nos sirvió el té. La verdad es que era una casa muy auténtica y la mujer fue muy amable.

Continuamos nuestra ruta atravesando dunas como si estuviésemos en el Paris-Dakar. Llegamos a Khamlia, un pequeñísimo pueblo que apenas tenía unas casas. Paramos en un restaurante a comer, el ChezBrahim, y nos sirvieron una pizza bereber, tajine, pan y otras cosas. Estaba todo muy bueno pero la pizza llevaba demasiadas especias y nos resultó un poco pesada.




Salimos de allí y casi enfrente paramos en un sitio donde personas de Sudán viven y tocan música de sus ancestros. Estuvimos un rato allí.

Al terminar el concierto nos fuimos de nuevo hacia el campamento. A se había pasado todo el tiempo preguntando por los dromedarios por lo que tuvimos que ir esa misma tarde otra vez. Sinceramente fue un gran acierto. ¡Estuvimos solos! Todo el desierto para nosotros. ¡Qué paz! En el campamento había una tabla de snow y P se la quiso llevar para tirarse por las dunas. Lo intentó pero iba tan rápido que daba un poco de miedo así que él y A lo usaron de trineo para dejarse caer por las dunas. A lo pasó en grande y cada vez quería una duna más alta. Fue muy bonito estar allí los tres.







 




Al ponerse el sol regresamos al campamento para la ducha y la cena. Esta vez también fue tipo buffet pero con otras comidas deliciosas también. Después no quedamos en la hoguera mientras cantaron canciones bajo las estrellas. Fue muy bonito.


Día 6
Hoy tocaba despedirse del desierto. Para A fue un poco difícil explicarle que no había más excursiones con dromedarios el resto del viaje porqué se lo había pasado tan bien que solo quería eso. Hamid nos quiso presentar a su familia y nos llevó a casa de sus padres. Allí su madre nos hizo té y estuvimos charlando animadamente. ¡Fue una súper experiencia!

Tras desayunar como reyes nuestra primera parada fue el mercado de Rissani. Hamid nos llevó a las distintas zonas: donde venden animales vivos, a la zona de la carnicería, la zona de la ropa, de los herreros… El mercado de Rissani es lo más parecido a un mercado 'no convencional' de los que habíamos visto hasta la fecha y nos gustó pasear por allí.


Seguimos la ruta por el valle del Draa hasta llegar de nuevo a Ouarzazate pero antes paramos en un restaurante a comer que tenia una terraza muy bonita y la comida estaba muy buena. De hecho, A fue la que más comida marroquí comió puesto que le sacaron unas albóndigas que P dice que estaban bastante especiadas pero a ella no le importó y casi se las termina.




En Ouarzazate tuvimos mucha suerte con el hotel. Las habitaciones eran más bien antiguas pero teníamos la cena y el desayuno incluido.
Antes de cenar salimos a dar una vuelta por el pueblo y le compramos a A un paquete de palomitas que vendía un señor en un puesto ambulante. Aunque todo no podía ser fantástico: se nos rompió el carro… Habrá que comprar uno nuevo.

Llegamos al restaurante del hotel y nos pareció muy limpio y con mucha variedad. Nuestro menú tenia una ensalada que la configuramos nosotros y luego cualquier plato de la carta. También postre y bebida. Yo me pedí un batido de verduras, ensalada y una hamburguesa vegetal. Para A había una pizza y también postre y bebida. P tomó ensalada, carne y de postre naranja con canela. A parte de ser contundente estaba muy bueno y no hace falta alojarse allí para poder entrar a comer o cenar.




Nos fuimos a dormir pronto puesto que estábamos muy cansados de todo el día.

Día 7
Hoy era el día que nos despedíamos de la zona del desierto. Nuestro regreso a Marrakech comenzó con un desayuno brutal en el restaurante. Sin palabras de cantidad, variedad y sobretodo de lo bueno que estaba. Salimos de allí rodando.



Nuestra primera parada fue el Ksar de Aït-Ben-Haddou. Lugar de rodaje de muchas pelis y la verdad que un sitio muy bonito. Y como no, lleno de turistas. Llegamos hasta arriba del todo y las vistas son espectaculares. Desmerece que parece aquello un centro comercial pero claro, zona turística y en Navidad tampoco podíamos aspirar a mucho más.




Seguimos unas cuantas horas atravesando el Alto Atlas otra vez y paramos a comer en un bar de camino. Nada especial...


Nuestra ruta siguió hasta que por la tarde llegamos a Marrakech. Hamid nos dejó en nuestro alojamiento y nos echamos un rato a descansar. El camino había sido largo y estábamos muertos.

Nos duchamos, hicimos las maletas y salimos a callejear las últimas horas del viaje. Dimos una vuelta enorme por el zoco, aprovechamos para hacer la últimas compras y despedirnos de aquel mágico lugar.

Nos apetecía cenar algo 'continental' después de tantos días de cous cous así que a solo dos minutos del hotel andando se encuentra el Limoni. Llegamos para pedir mesa pero no había sitio. Es un espacio muy bonito. Al final parece que A poniendo cara de 'dadme mesa que tengo hambre' nos acomodaron en un lugar. Cenamos genial. Pasta casera, una ensalada… ¡una gran despedida!




Nos volvimos al riad para descansar.


Día 8
Nuestra últimas horas en Marruecos se acercaban y tras un desayuno bien, nada del otro mundo en comparación con los otros lugares en los que hemos estado, nos fuimos hacia los jardines Majorelle. No teníamos muy claro si venir aquí o no. Habíamos visto opiniones de todo tipo: que si es solamente una casa con mucha vegetación, que si entras allí y parece que te transporta a otro lugar… Así que decidimos darle una oportunidad en parte porque nuestro vuelo era por la tarde noche y no nos apetecía estar en el bazar desde las 9 de la mañana, y en parte por ver algo diferente.


A nosotros nos pareció un sitio espectacular. Tuvimos la suerte que llegamos a las 9:30. Sin colas compramos las entradas y pasamos. Aquello es un espacio maravilloso con zonas de cactus, zonas de bambúes, fuentes, lagos… No sabría describirlo muy bien, solo que salimos de allí queriendo comprarnos un terreno para construirnos una casa con ese jardín tan bonito. Apenas había turistas cuando llegamos y nos quedamos una hora paseando entre plantas y árboles.








Hamid nos recogió y nos dejó cerca de Jemaa el-Fna para que pudiésemos pasear por el bazar y comer algo antes de ir al aeropuerto. Nos compramos un zumo en las paradas que hay en la plaza y nos dedicamos a pasear tranquilamente por allí. La verdad es que el bazar es inmenso y es muy fácil perderse. Nosotros quisimos volver a ir a comer al Café des Épices. Nos gustó mucho la comida, el ambiente y el sitio así que repetimos sin dudar. Llegamos pronto y tuvimos una mesa con sombra. Pedimos batidos, comida rica y té. Estuvimos bastante rato allí haciendo algo de tiempo hasta que se hiciese la hora de volver al coche con Hamid.



Sobre las 4 de la tarde decidimos irnos hacia la plaza otra vez y subir al Le Grand Balcon Du Café Glacier. Es uno de los bares más icónicos de la plaza y decidimos tomarnos un té antes de irnos hacia el aeropuerto. Tengo que decir que las vistas son buenas pero el personal muy mal. No fueron ni amables ni educados y cuando quisimos ir al baño y no había papel el chico nos dijo que el papel valía dinero y que casi no teníamos que traer el papel de casa…. Una pena. Lo mejor fue llegar en el momento justo que comienzan a montar los puestecillos ambulantes de comida y pasamos de ver la plaza medio vacía a verla en plena ebullición.





Era la hora de regresar y nos reencontramos con Hamid que nos llevó al aeropuerto. Nos despedimos con la intención de vernos de nuevo cuando pueda cumplir mi sueño de ver el norte y A le regaló un sobre con un dibujo.  

Hamid ha hecho que nuestro viaje haya sido aún más épico de lo que ya pintaba en un principio y no podemos estar más que agradecidos por todo lo que ha hecho.

AVISO: en el aeropuerto de Marrakech es OBLIGATORIO tener la tarjeta de embarque sellada por la aerolínea. Esto quiere decir que aunque viajes con equipaje de mano, tienes que ir al mostrador de tu compañía, pedir que te sellen el billete y poder pasar el control de aduanas. Esto lo digo porque nosotros si que facturamos y la chica nos selló dos de tres billetes (se le olvidaría uno) y nos hizo volver a por el cuño. Pero presenciamos otro caso peor: dos muchachas que iban con la tarjeta de embarque en el móvil y no las dejaron pasar. (no sé lo que harían al final pero intentaban explicarle con toda la razón al hombre que no tenían ningún papel para ponerles el cuño).

Nosotros tuvimos un vuelo tranquilo con A durmiendo y con la sensación de que Marruecos se ha convertido en uno de mis países favoritos. Necesito volver ya.

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