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Crónica de nuestro viaje a la India 2018

      ¡Hola! Aquí va la crónica de todo el viaje de verano. Dicen que la India o la amas o la odias. Yo claramente pertenezco al primer grupo y aunque este año nuestro viaje estuvo plagado de más incidentes de los que hubiésemos deseado, me quedó un gran vacío al tener que volver por razones de seguridad. Quizá sea porqué el sur de la India lo descubriré en otro momento.
Salimos de València en un coche de alquiler y llegamos al aeropuerto de Barajas. Dejamos el coche, facturamos las maletas y nos fuimos a la zona de embarque. Pedimos unas cervezas y unas tapas antes de embarcar y luego subimos al avión. Entre la comida, la bebida, los nervios por ir todos juntos hacia la India y el entretenimiento, el primer vuelo se pasó bastante rápido.
Llegamos a Dubai y sin problemas pasamos el control de aduanas, llegamos a la puerta y esperamos hasta que nos tocó embarcar. Todo fue genial en el segundo vuelo.
Cuando aterrizamos en Delhi es cuando comenzaron los problemas. Nosotros habíamos hecho los visados en la web oficial. Tengo que decir que esta web que pertenece al gobierno es la forma más económica de obtener el visado pero tienes que rellenar un formulario muy extenso (en inglés) que a veces se hace muy pesado. Hay otras formas mediante agencias o incluso mandando el pasaporte a la embajada en Madrid pero todas son más caras. Nosotros nos decantamos por la opción de la web porqué teníamos siete visados que a unos 57 euros aproximadamente ya era un precio bastante elevado. Si lo hubiésemos hecho de otra forma nos hubiese supuesto un desembolso mucho más elevado.
Mis padres, Altea, Pau, mi hermano y yo pasamos sin problemas per a Bárbara el visado no lo reconocía el sistema. El hombre pasaba el pasaporte por el lector y le saltaba la alarma todo el rato. Nosotros que nos encontrábamos dentro comenzamos a ponernos nerviosos. Me acerqué al oficial y resulta que me había equivocado al teclear una letra y claro su visado no correspondía con ningún pasaporte. El hombre al principio se hizo el duro y nos dijo que no podía hacer nada para dejarla entrar pero finalmente nos dejó pasar y entramos ya todos muy aliviados a la India. ¡Lo habíamos conseguido! No os arriesguéis… ¡¡¡mirad bien los datos cuando hagáis el visado!!!
Con los nervios todavía por la situación fuimos a recoger las maletas y al salir nos estaba esperando Ashok. ¡Hacía más de cuatro años que no nos habíamos visto y fue una alegría volvernos a encontrar! Fuimos al aparcamiento y allí un bus nos llevó a los siete al hotel para una ducha rápida.

Salimos a dar una vuelta y nuestra primera parada fue la India Gate. Un arco de triunfo a los que cayeron en la guerra de la Independencia. Antes de llegar allí el bus en el que íbamos se estropeó. Imaginadnos allí enmedio de una autovía con la humedad que hacía y el pobre Ashok intentando llamar para que nos trajeran otra.. Como la espera se hizo un poco larga al final optamos por coger dos tuc-tuc para llegar. Me encantó poder disfrutar del sitio porqué cuando Pau y yo estuvimos años atrás en Delhi estuvo todo el día lloviendo y no pudimos ver nada. Mención especial a Altea que se llevó todas las miradas (y sobeteos) de la gente. ¡Querían hacerse fotos con ella todo el mundo!


 Nuestra siguiente visita fue el Gurudwara Bangla Sahib. Es uno de los templos más importantes de la religión sikh. Es un sitio espectacular. No solo por el edificio sino por lo que notas allí dentro con tanta gente. En ese templo dan de comer a más de 5000 personas al día sin importar la religión o el estamento social. De hecho nosotros nos podríamos haber quedado a comer allí. ¡Merece mucho la pena! La visita es gratuita y puedes visitar no solo el templo sino también las cocinas, el comedor...

Decidimos ir a cenar con Ashok y su pareja. Nos pedimos unas merecidas cervezas indias y algo de picar y nos fuimos a dormir ya que al día siguiente volábamos a Udaipur muy temprano y había que levantarse a las 5:30.
Solamente unas horas más tarde comenzaba el que fue uno de los días más locos que hemos vivido nunca. Nos despertamos y tomamos un desayuno maravilloso en el restaurante del hotel. Había fruta, yogures, pan, arroz, leche, dulces..¡No sabíamos por donde atacar!
A la hora convenida nos encontramos con el conductor que nos llevó a la Terminal 1 del aeropuerto tal y como indicaban nuestros billetes. Allí en los aeropuertos para quién no lo sepa, solo entran a la terminal las personas que tienen un billete. Para que se cumpla eso hay un par de policías/guardias en las puertas de las terminales pidiendo los pasaportes y los billetes. Generalmente suelen tomarse su tiempo por lo que es importante llegar con suficiente antelación. Nosotros entregamos nuestra documentación y uno de los hombres comenzó a mirar uno por uno los pasaportes, los billetes y a nosotros… y ya comenzamos a pensar que como Bárbara había tenido un problema con el pasaporte pues que algo más habría… El hombre no decía nada y miraba y miraba. A los cinco minutos de estar allí todos sudando sin saber lo que ocurría el señor nos dijo que ese vuelo salía de la terminal 2 y que nuestro billete estaba mal.
Con el susto (y la rabia de ver que habíamos perdido casi 10 minutos allí mientras el señor iba mirando los pasaportes) salimos pitando hacia la cola de los taxis. Dos taxistas se nos acercaron y dado que no teníamos tiempo para regatear ni buscar mejores opciones para cambiar a la otra terminal nos metimos como pudimos tres en un coche, cuatro en otro y todas las maletas y mochilas. Solamente teníamos 40 minutos para embarcar y les dijimos a los conductores que teníamos prisa. Es entonces cuando experimenté (todos) el terror en un coche. Los dos condujeron salvajemente metiéndose por dirección contraria, por el arcén y al triple de la velocidad establecida. Sinceramente no nos matamos porqué no nos golpeamos con nada pero vimos el peligro muchísimas veces. Literalmente se lanzaron sobre coches, aceleraron, hicieron trompos… Al salir casi preferí besar el suelo que dar las gracias. Nunca en mi vida habíamos vivido una situación tan extrema y tan peligrosa. Yo solo pensaba: ¡Esto quiero contarlo! ¡Qué no me pase nada que esto loco lo tengo que contar!
Como el vuelo estaba apunto de despegar el precio que nos dijeron ni lo regateamos. Sabíamos que nos estaban timando claramente. Nos pidieron 45 euros por ese trayecto (¿sería por el plus de peligrosidad?). Le dijimos que nos parecía un robo pero no teníamos tiempo de quedarnos allí discutiendo.
Corriendo nos dirigimos a la Terminal y allí otra vez los cinco minutos hasta que miraran que eramos nosotros y que nuestro vuelo salía de esa terminal. Conseguimos entrar y al acercarnos al mostrador de facturación nos dijeron que el vuelo estaba cerrado. Que no podían hacer nada. Con todavía el miedo en el cuerpo (mi hermano repetía una y otra vez que el no iba a subir en taxi en la India nunca más) llamamos a Ashok para contarle todo lo que había pasado. Fuimos a buscar el teléfono de Pau y...¡Lo había perdido! Seguramente con tanto movimiento le habría caído en el taxi… Ashok enseguida nos buscó otros vuelos y como eran más tarde decidimos esperar en la terminal hasta que se nos bajara la tensión del momento. Pau, desde mi tablet, bloqueó su teléfono haciendo que apareciese mi numero de teléfono en la pantalla. Algo así como un teléfono de contacto.
Mientras calmábamos nuestros nervios un número de teléfono me llamó y al cogerlo eran los taxistas. ¡Muy fuerte! Acordamos vernos en la salida de la terminal (calculamos que ellos pensaban hacer más negocio con este hallazgo). Al llegar allí les cogimos el teléfono y les dimos de propina muy poco (equilibrando el karma de lo que nos habían cobrado por el taxi). Creo que se quedaron esperando más pero nos fuimos hacia dentro otra vez.
Con los micro-infartos bajo control fuimos andando (en taxi nunca) hacia la Terminal 3. Aunque al vuelo todavía le quedaban unas horas decidimos ir y estar cerca de la puerta. Otros cinco minutos de revisión de pasaportes, facturamos sin problemas y nos fuimos a buscar la puerta. Compramos unas galletas y algo de chocolate para la espera y nos fuimos hacia la zona de espera. Cuando quedaban diez minutos para embarcar vimos que no había ni azafatas, ni personal por la zona de embarque y nos dimos cuenta que habían cambiado la puerta de embarque. Otro micro-infarto hasta llegar allí.
Nuestro vuelo estaba retrasado así que tuvimos que esperar (más). Llegamos a Udaipur tras una larga lista de aventuras y ¡no nos lo podíamos creer!
Nuestra primera parada en Udaipur fue el Lago Pichola. Hay un barquito que te lleva al centro donde hay un palacio-hotel-restaurante. Al volver visitamos el City Palace. Aunque lo hubiésemos visitado ya nos quedamos alucinados. Eso sí, muy adaptado a carros no estaba...





Volvimos agotados al hotel. Dejamos las maletas y enseguida nos llevaron a ver un espectáculo de bailes típicos que estuvo genial. De vuelta a la furgoneta paramos para comprar en un bar algo de comida para la cena naan,arroz, curry y fruta. Decidimos cenar rápido y dormir. Había sido un día muy intenso. El hotel fue una pena no poderlo disfrutar del todo. No pudimos aprovechar la piscina ni ninguno de los servicios que ofrecía. Eso sí, las habitaciones fenomenal.


Lo importante al final fue darse cuenta que no hay evento (o cúmulo de eventos) que nos hagan querer volver a casa. Los problemas se suceden sin buscarlos pero la capacidad de resolverlos o de adaptarlos es nuestra y con eso nos quedamos. Sobrevivimos a los dos primeros (y muy intensos días)
Los siguientes días tampoco estuvieron exentos de anécdotas. Pau perdió y encontró tres veces áms el teléfono. También una navaja estuvo desaparecida unos días...
El tercer día dejamos Udaipur con destino Ranakpur. Desayunamos fantásticamente bien. Fruta, leche, dulces, comida típica… De camino hicimos una parada en el Fort Kumbhalgarh. Un fuerte enmedio de unas montañas con una muralla infinita y rodeado de un paisaje brutal. Una visita muy recomendable y aunque no sea muy apta para carros merece mucho la pena. Nos compramos unas papas, un coco, unas galletas y un lassi antes de continuar el camino.


Pau volvió a extraviar el teléfono unas horas hasta que volvimos a la furgoneta y lo encontró allí. El universo estuvo mandando mensajes a Pau para que desconectara y se dejara llevar..
Paramos a comer en un restaurante en mitad de una selva donde nos atendieron fabulosamente. Ojala tuviese las referencias pero era un restaurante local en una población que no recuerdo. Continuamos nuestra ruta y llegamos para visitar un templo Jainista. El Ranakpur Jain Temple. Un templo que tiene más de 1440 columnas de mármol que dicen que ninguna es igual a otra. Tras la visita nos llevaron a Narlai. El pueblo donde íbamos a dormir. La verdad es que el hotel estaba muy bien pero salimos a dar una vuelta y fue el primer contacto con la India rural. No es lo mismo estar en una gran ciudad que ver lo que vimos nosotros en un pueblo sin medios. Fue muy duro. Decidimos volver al hotel y darnos un baño antes de cenar. Cenamos en el mismo hotel y nos fuimos a dormir. ¡Genial!







Tras un sueño reparador y un desayuno fantástico emprendimos el cuarto día de viaje hacia Jodhpur. Llegamos al hotel, dejamos las maletas y nos fuimos a comer. Tras la comida nuestra primera parada fue el Mehrangarh Fort y luego el Jaswant Thada. El calor comenzaba a apretar y el conductor nos dejó cerca de la Clock Tower. Dimos una vuelta por allí por los distintos puestos fe ropa, fruta y comida. Hicimos algunas compras incluido a un vendedor que nos persiguió por todo el mercado durante más de media hora. Al final por insistente y simpático le compramos lo que tenía. También compramos algo de comer y nos lo llevamos al hotel para cenar allí.



Nuestra ruta continuaba hacia Jaisalmer. Hay seis horas que hicimos directas solamente parando para comer en un restaurante de carretera. Tengo que decir que Jaisalmer es mi ciudad favorita. Me enamoré de ella la primera vez y eso que estábamos con un virus y no la pudimos disfrutar a tope. Esta segunda vez me reafirmó en lo que pienso. Quise ir al mismo hotel que habíamos ido la vez anterior. Fuera de las murallas y con un restaurante que se ve todo el fuerte. Su dueño, Fifu, siempre tan atento y amable. Yo creo que gran parte de mi amor por esta ciudad parte del hotel en el que nos alojamos. 
Bárbara y Xesc comenzaron a sentirse mal la noche anterior y durante el camino hacia Jaisalmer estuvieron bastante apurados. Les comenzó a subir la fiebre y visitaron con más regularidad de los esperado el baño. Con ellos dos fuera de combate y con Altea comenzando a subirle la fiebre también decidimos que Paco, Salut y Pau fueran los únicos en ir a los Bada Bagh. Volvieron de la visita y Altea estaba cada vez peor igual que Xesc y Bárbara. La noche fue muy movida.
A la mañana siguiente Xesc i Bárbara seguían fuera de servicio pero Altea ya estaba mejor. Desayunamos con las vistas al fuerte y nos fuimos hacia el Gadisar Lake. La visita dura media hora y hay unas barquitas con pedales para dar la vuelta por el lago. Luego nos fuimos al fuerte. Dicen los datos que en Jaisalmer no llueve nunca, de hecho pueden pasar años sin caer una gota… pero nosotros recogimos toda la lluvia acumulada. Toda la visita al Fuerte fue lloviendo.
Volvimos al hotel para comprobar como estaban los enfermos. Fuimos a comer a la azotea y a descansar para ir a la visita del Desierto del Thar. Casi apunto de salir comencé a notar que la comida no me había sentado muy bien así que Pau se llevó a Altea para que disfrutara de los camellos. Altea se lo pasó en grande con los camellos y disfrutó mucho.
Cuando llegaron de la excursión fueron a cenar y a dormir porqué teníamos ocho horas de bus al día siguiente.
8 horas de bus nos separaron de nuestra siguiente parada. Salimos muy de mañana después de desayunar. Ya poco a poco estábamos mejor de la barriga y hicimos un buen tramo seguido. Paramos en un restaurante para tomar un café y ya no volvimos a parar durante casi seis horas. No entendimos que había que comer allí...
Pushkar fue nuestra siguiente parada. Llegamos con las piernas engarrotadas y nos fuimos Paco, Salut, Altea y yo a dar una vuelta porqué el resto del grupo seguía experimentando desarreglos estomacales. Pushkar era una de las paradas dónde teníamos muchas ganas de llegar. Nosotros no habíamos estado y teníamos muchas ganas de verlo.
Nos fuimos andando hacia el mercado y fue muy agradable. Cuando comenzó a hacerse de noche paramos en una pizzería de camino al hotel. ¡Estuvo genial! Pedimos pasta, pizzas y burekas. De postre nos comimos un Hello to the Queen. Platano caliente, galleta triturada, cobertura de chocolate y helado. ¡E S P E C T A C U L A R! Al ser una ciudad sagrada no venden alcohol en ningun bar así que nos faltó la cervecita. Volvimos al hotel y nos fuimos a dormir aunque fue la luz numerosas veces.
Cuando nos despertamos desayunamos fenomenal y nos pusimos en ruta. Pushkar es conocida por ser una ciudad sagrada. Visitamos un lago y el único templo dedicado a Brahma. También vimos a la famosa cabra rosa de cinco patas y varias personas se nos acercaron Cobra picture?



  Nos despedimos de Pushkar y pusimos rumbo a Jaipur. Antes de llegar al hotel paramos en un restaurante a comer. No fue un acierto. La pasta tenía una salsa rara y era muy caro y nada exquisito. Dejamos las maletas en el hotel y nos fuimos a visitar el Birla Temple. Al lado había otro templo que también visitamos y luego le pedimos al conductor que nos dejase en alguna zona comercial. Nos dejó en una calle que había un horno y compramos unas galletas y rosquilletas.


Caminamos arriba y abajo de la calle pero no encontramos sitio donde comer ni nada que comprar así que decidimos volver al hotel. Comenzamos a buscar un tuc-tuc que nos llevase pero era difícil encontrar uno que nos pudiese llevar a todos a la vez. Paramos a varios pero no nos pusimos de acuerdo en el precio. Uno nos pidió siete veces más y luego comenzó a bajar hasta el punto que nos salía muy barato pero no nos dio mucha confianza… Comenzó a perseguirnos y calle que girábamos, calle que aparecía con otra oferta más tentadora… Finalmente encontramos un señor que nos pareció honesto y entrañable y nos metimos todos como si fuese una lata de sardinas. ¡Fue muy divertido ir todos allí apretados!
 
El hotel era muy bonito y tranquilo. Nos bañamos en la piscina y luego fuimos a cenar. Pedimos tres platos de pasta y no sabemos que entendió el camarero que nos sacó cinco. Nos fuimos a dormir y a descansar.
El noveno día de nuestro viaje lo pasamos completo en Jaipur. Comenzamos visitando el Hawa Mahal para hacernos una foto. Continuamos hacia el Amber Fort y decidimos subir andando. La vez que estuvimos Pau y yo subimos en elefante pero cuando vimos como los maltratan decidimos que esta vez lo haríamos andando. Las visitas desde arriba son maravillosas. Todo está muy limpio y muy cuidado. Comenzó a apretar el calor y nos fuimos a comer. Nos llevaron a un sitio que nos defraudó muchísimo. El tamaño de las raciones y el precio nos pareció insultante hasta para turistas. No me pude resistir y les dije a los camareros que me parecía un robo.
Acabando de comer vino Ashok con su mujer y nos acompañaron al City Palace. Hicimos la visita pero estábamos muy bajos de fuerzas por el calor. Luego fuimos a un templo y luego quisimos ir a un mercado. La verdad es que entre el calor, la gente y la incomodidad del carro todos menos Pau, la mujer de Ashok y yo decidieron irse al hotel. Luego nos llevaron al hotel.






Por la tarde nos vinieron a buscar otra vez para ir a cenar. Nos llevaron a un restaurante muy bonito que tiene una terraza que se ve toda la ciudad. Pedimos comida típica y pasamos un rato muy agradable recordando nuestro viaje anterior y también viendo como a Ashok le han ido las cosas muy bien. La verdad es que nos alegramos mucho de que Ashok haya evolucionado y le vaya todo tan bien. Nos despedimos con la idea de volvernos a ver en Valencia, Gandía o cualquier otra ciudad.

Volvimos para hacer las maletas y descansar.
La ruta entre Jaipur y Agra fue de casi ocho horas. Menos mal que hicimos dos paradas de camino para poder estirar las piernas. Paramos a comer en un bar de carretera. Fue un bar muy peculiar: lleno de moscas, con un ventilador goteando, con la carta solamente en hindú, sin platos continentales y con un camarero que no pronunciaba la /s/ correctamente. -Chizz naan?. Muzzrums?
Luego paramos en Abhaneri Chand Baori. Es un templo en el que ya estuvimos la vez anterior pero que nos sigue pareciendo un lugar lleno de magia. Estuvimos poco tiempo por el calor.

La segunda parada fue Fatehpur Sikri. Una ciudad abandonada que se encuentra en un excelente estado de conservación.

La última parada fue en el Agra Fort. Altea se durmió antes de llegar entonces decidimos quedarnos nosotros en el bus mientras el resto lo visitaba. Nos vino bien para descansar.
Llegamos al hotel para descansar de Agra. El mismo hotel horrible de la otra vez pero de localización fabulosa para ir andando al Taj al día siguiente. Lo mejor de este hotel son las vistas y lo cerca que está del palacio. Dimos una vuelta y volvimos a cenar. ¡La lasaña de verduras es espectacular!
Nos despertamos muy temprano para ir andando al Taj Mahal. Impresiona lo hayas visto una o cien veces. La niebla de la mañana, el blanco del mármol, y el silencio hacen del sitio una visita imprescindible. Volvimos a desayunar y nos pusimos de camino a Orchha.


Otra mañana de horas de bus que nos pasaron rápido aunque hubo que hacer alguna que otra parada de emergencia en baños de gasolineras muy mugrosas. Por si fuera poco paramos a comer a un restaurante en el cual vivimos una experiencia fuera de lo normal. Nunca nos había pasado nada parecido. Paramos en un bar de carretera que estaba vacío. El sitio estaba lleno de polvo excepto un par de mesas que parecían limpiadas para las pocas visitas que llegaban. Un señor tullido nos dio unas cartas y decidimos apostar por lo seguro y pedirnos casi todos un sandwich de queso. Pau también pidió una tónica. El señor nos sacó una lata literalmente espachurrada y con un agujero y nos la ofreció como si estuviese en perfectas condiciones. Cuando nos llegó el sandwich y lo abrimos no había queso. Había trozos de mantequilla pero ni rastro del queso. Tras las risas y el shock inicial decidimos decirle al señor que dónde estaba el queso. El señor nos dijo que no le quedaba queso ( ¿y para qué nos ofreces?). Le dijimos que estábamos muy descontentos y parece que el señor se vio afrontado por la situación. Comenzó a sacar pan naan de la cocina recién horneado. Mucho pan. Mucho mucho mucho pan. Tanto panque tuvimos que esconderlo en nuestras mochilas para que pareciera que nos lo estábamos comiendo. Pedimos la cuenta para salir lo más pronto de allí y nuestra sorpresa fue que el señor tullido nos cobró los sandwiches cuando no tenían queso. Nos había dicho que no nos lo iba a cobrar pero nos apareció en la cuenta. Intentamos decirle al dueño que es injusto pero el no dice nada y nos cobra. Salimos tan enfadados que le dijimos lo que nos había pasado y entró nuestro conductor enfadado a reclamarle la cuenta. No llegamos a un acuerdo y nos fuimos de allí sin queso, sin dinero y con hambre… Nunca olvidaremos este lugar.
Llegamos a Orchha. Dejamos en el hotel las maletas y Paco, Salut, Altea, Pau yo fuimos a dar una vuelta. El día de antes había habido una fiesta y el pueblo estaba lleno de flores (y de suciedad).
Cenamos en el hotel y nos fuimos a descansar.
La mañana siguiente salimos de ruta hacia Khajuraho. Estando de camino Ashok nos llamó para decirnos que la situación en el sur se había puesto muy fea. Inundaciones, muertos, edificios que habían caído, aeropuertos cerrados… Nos dijo que no era seguro ir así que había que tomar una decisión: qué hacer con la tercera semana que nos quedaba allí. Podíamos volver antes cambiando el billete, podíamos quedarnos una semana más visitando otros pueblos de la zona o podíamos ir a Nepal o cualquier otro país y volver a la India a tiempo para enlazar con nuestro viaje de vuelta. Al final nos decantamos por cambiar los billetes y volvernos a casa antes. Ashok se encargó de cambiar los hoteles y los vuelos.
Nos duchamos y nos fuimos a tomar algo. Dimos una vuelta por el pueblo y nos quedamos a cenar en un sitio justo enfrente de los templos más conocidos. Estando cenando comenzó a llover con mucha intensidad y tuvimos que terminar de comer el postre a cubierto. Pasta, pizzas, curry, hamburguesas… ¡un sitio muy recomendable!
Volvimos a dormir al hotel y a la mañana siguiente pudimos disfrutar de los Templos del Kamasutra. El hotel fue de los peores en los que estuvimos. Nos quisieron hacer pagar una botella de agua que no habíamos pedido porqué se les había descuadrado la caja y pensaron que fuimos nosotros.  Los templos del Kamasutra nos recordó a Sukothai mucho.Tan pronto entramos Altea y su frase Altea sola saltaron en un charco de agua sucia y se mojó todo el culete. Tuvimos que quitarle los pantalones y se quedó con las braguitas y la camiseta. Los templos se encuentran en un estado de conservación perfecto. Nos encantó la visita. Salimos a comprar comida para el tren que teníamos que coger a la noche y aprovechamos para comer algo en el mismo restaurante que cenamos el día de antes.

Sunil nos llevó hasta Jhansi para coger el tren. Nos despedimos y nos metimos en un restaurante que había en la estación. Quedaban bastantes horas pero las sorteamos comprando unas revistas, comiendo algo y hablando. A las nueve de la noche nos subimos a ese tren que ganaba en la foto mejor que en la realidad. Nos esperábamos un tren como el de Tailandia del año anterior pero la realidad es que el tren era bastante cutre. La experiencia fue genial y al final dormimos y llegamos al destino.


Doce horas más tarde llegamos a Varanasi. Nos esperaron dos coches para llevarnos al hotel. Llegamos y tras dejar las maletas todos menos Paco y yo decidieron quedarse a descansar. Nosotros por otra parte nos fuimos a Sarnath. Sarnath es un pueblo pegado a Varansi donde se supone que Buda hizo sus primeros discursos y donde se reunió con su discipulos. Visitamos muchos templos y stupas. En una de ellas intenté que mi padre me hiciese una foto saltando pero no había coordinación entre el salto y la foto. Parecía fácil pero no lo era. Enseguida comenzaron a proliferar chinos que querían copiar lo de la foto. Comenzó a ser bastante insoportable estar en la calle y decidimos volver a comer a un restaurante.

Por la tarde fuimos a dar una vuelta en barco por el Ganges todos menos Bárbara y Xesc. Fuimos por los Ghats hasta incluso vimos alguna cremación. Al llegar dio comienzo una ceremonia que nos pareció lenta y aburrida. Puede que los tres primeros minutos valgan la pena pero la verdad es que se hizo interminable.

Volvimos a por Xesc y Bárbar y fuimos a dar una vuelta antes de regresar para cenar y dormir.
Nuestro segundo dia en Varanasi comenzó con otro viaje en barco al que yo no fui porqué Altea estaba durmiendo. Volvieron para desayunar y nos pusimos en marcha. Nuestro último dia en Varanasi pasó por visitar dos templos e ir al aeropuerto.
Los templos no fueron nada del otro mundo pero nos entretuvieron bastante. Se nos hizo un poco largo el camino hacia el aeropuerto pero llegamos con tiempo suficiente para embarcar, comer y comprar algunas cosas.
Una vez aterrizados en Delhi nos llevaron al hotel. Tengo que decir que a priori cuando te dicen que el Plaza es el hotel donde vas a dormir te imaginas que va a ser un hotel con mucho poderío. Pues nada más lejos de la verdad. El hotel Plaza es una castaña con mayúsculas. Muy bonito el nombre, muy bonito el hall pero tuvimos una habitación que apestaba a tabaco y que no nos quisieron cambiar hasta que nos plantamos. Estuvimos más de media hora para que nos hicieran el check in, tuvimos que pedir hasta en tres ocasiones toallas o que nos pusiesen una cuna en la habitación. El servicio fue pésimo y el preció altísimo.
Fuimos a dar una vuelta intentando encontrar un sitio para cenar pero todo lo que había cerca eran otros hoteles. Nos decantamos por el restaurante del hotel que tenía unos precios desorbitados pero la verdad es que estaba muy bueno. Tanto que decidimos repetir al día siguiente.
Nuestro último día completo en la India era una visita por las zonas más conocidas de Delhi que no habíamos visto en nuestro primer día. Comenzamos por la Jama Masjid: La mezquita más grande de la India y de las más grandes del mundo. Seguidamente fuimos a visitar la tumba de Humayum. Un recinto muy parecido al Taj Mahal que probablemente fue su precursor. Luego teníamos previsto visitar el Templo Lotus pero nos acercamos y la cola daba la vuelt a toda la manzana así que decidimos pasar de visitarlo.


Le dijimos al conductor que nos dejara en un mercado para hacer las últimas compras y quedamos con el dos horas después. Tuvimos que llamarlo a la hora porqué se puso a llover que era imposible hacer nada.
Volvimos al hotel puesto que no había dónde ir. Nos hicimos las maletas, nos secamos la ropa y nos quedamos en la habitación mirando imágenes de la situación en Kerala. Cenamos en el hotel otra vez y nos fuimos a dormir.
Nuestras últimas horas en la India las pasamos de camino al aeropuerto y caminando por el aeropuerto. Al llegar a Madrid recogimos los dos coches de alquiler y nos fuimos unos a València y nosotros Gandía. Llegamos a las dos de la madrugada y nos acostamos para descansar.
Fue un viaje muy accidentado y lleno de anécdotas y momentos. Nos quisimos (y nos hemos quedado) con los momentos positivos. Queremos pensar que hemos tenido la suerte y hay que aprovechar que no nos ha pillado la tragedia en Kerala. Tragedia que por desgracia ha afectado a muchas personas que no la han podido evitar. ¡Hay que sentirse muy afortunados!

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